“El valle de Yucay, probablemente el más bello del Perú…”
George Squier, viajero norteamericano, 1863-1865.
Si algo llama la atención del Cusco, son sus contrastes. Cuando uno se encuentra en el centro de la ciudad -caminando por sus enrevesadas y misteriosas callejuelas o sentado en la plaza- es difícil imaginar que los imponentes cerros vecinos puedan albergar un paisaje semejante al del Valle Sagrado. Pocos lugares del Tahuantinsuyo pudieron competir con la belleza y riqueza de este valle: no en vano le fue otorgado ese nombre. Su carácter “sagrado” ha sobrevivido al paso del tiempo y esa magia continúa seduciendo a los viajeros. Muchos de ellos, rendidos ante su encanto, deciden dejarlo todo y echar raíces bajo la sombra de los eucaliptos, a orillas del Urubamba.

Ubicación geográfica y clima
El Valle Sagrado está ubicado a 15 Km. al norte del Cusco. Su altitud es de 2,800 m.s.n.m., lo cual le confiere un clima más benigno. Como ocurre en las tierras situadas a esta altura, su clima está marcado por dos estaciones: lluvias y sequía. La temporada húmeda ocurre entre los meses de noviembre a abril. Entonces puede desatarse un aguacero en segundos y, desgraciadamente, no siempre se goza de un cielo azul. Pero la época de lluvias también tiene sus ventajas, pues los cerros se cubren de un verde intenso y las temperaturas suelen ser templadas. Durante el período de sequía los colores del cielo son brillantes, pero el aire suele ser tan seco que la piel parece quebrarse. La noche es por lo general muy fría y puede helar en la madrugada. El cielo estrellado es un verdadero espectáculo durante esta temporada. El Valle Sagrado es, climáticamente hablando, un lugar ideal. Así lo reconocieron los antiguos peruanos que acudían hasta aquí para curarse. A pesar de alcanzar temperaturas altas y de ser una zona llena de vegetación, el valle está libre de mosquitos por la altitud en la que se encuentra. Además, es difícil sofocarse, pues siempre sopla una brisa fresca.
El Coricancha, “recinto de oro”, Templo del Sol, quizá no llegó a ser el más grande ni el más imponente de los edificios construidos por los incas, pero fue por tratarse del Templo del Sol, el más venerado y respetado. Cuenta el conquistador Diego de Trujillo que cuando él y sus compañeros quisieron entrar al lugar para examinar sus riquezas, un personaje regiamente vestido les dijo que para ello antes deberían haber ayunado, estar descalzos y llevar una carga en la espalda en señal de humildad. Concluye su relato refiriendo que los españoles no hicieron caso a la advertencia y forzaron su entrada al Templo. Aquel personaje pudo ser el wilaq umu, sacerdote mayor del culto Inca, o su representante

Cómo llegar
Es conveniente acceder al Templo desde la Plaza Mayor por el Callejón de Loreto, Intiqhicllu, cruzar la calle Maruri y dejando Pucamarca a la izquierda, avanzar por Pampa del Castillo. A la derecha, en esa calle no había edificaciones en tiempos Inca, una serie de andenes bajaba hasta el río y era una chacra llamada Mancochuqui, dedicada a Huanacauri, la huaca mayor de los incas.
Intipampa
La ruta conduce a una plaza alargada donde está la iglesia de Santo Domingo. Ese espacio era Intipampa, la plaza o llano del Sol, unos doce metros más ancha de lo que es ahora, porque los constructores de la iglesia colonial lo redujeron para levantar su templo.
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